correhuela

El mundo como réplica

Después de diez años de mudanzas y desplazamientos, nuestra casa se redujo a unas cuantas cosas. Entre trasteros, guardamuebles y sótanos, lo suyo, lo mío y lo nuestro acabó impregnándose de un olor a cerrado que ambos conocíamos.

Nos sumimos en una existencia nómada. Sin casa. Sin tierra. En tránsito perpetuo, hurgando en lo que no decimos. Dos personas, una familia en movimiento. Trayectos de ida, esperas, silencios y conversaciones; caminos de vuelta entre encuentros y desacuerdos. Imágenes compulsivas de la nada. Y dos personas dispuestas a la transformación como alternativa al vacío. Una familia inquieta que camina a destiempo. Un núcleo que vibra ante los desafíos.

No hay calma cuando se vive hacia fuera, solo imágenes de la banalidad que surgen de la apatía, entre mis disputas e interferencias con el mundo y sus réplicas.